Internet: más estupido te hará a vos.

Hace unos días, a través de la cuenta de TedXriodelaplata en Twitter publicaron lo siguiente: “¿Internet nos hace estúpidos? En la columna de @TEDxRdelaP en @bastatodo se debatió esta polémica pregunta. Escuchalo: http://ow.ly/gxug6”. Si bien el programa era viejo, decidí escucharlo porque tenía tiempo libre a raíz del año nuevo. No me gustó nada: más que un debate, el programa fue genoroso en la afirmación de que Internet -al menos- nos hacía más distraídos y con problemas para fijar la atención.

El post es largo. Vayan al baño ahora.

Tengo una versión de Superficiales, el libro de Nicholas Carr esperando en el Kindle desde hace un tiempo. Por alguna razón, nunca me decidí a leerlo, tal vez porque -en principio- estoy en contra de la premisa. No creo que ninguna tecnología nos haga más tontos.

El argumento no es nuevo. Siempre hubo gente que se opuso a las nuevas tecnologías o nuevos medios. Los mismos pavotes pseudo intelectuales que en los 70 y 80 decían “yo no tengo televisión en mi casa” son los mismos que hoy dicen “yo no tengo Facebook ni Twitter“.

Pero la cantinela no es nueva. Es vieja. Muy vieja. Y no hablo de décadas, hablo de varios miles de años vieja.

En el Fedro de Platón, el suicida más famoso de la historia, Sócrates, decía que la escritura “sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu“. ¿Alguien gusta de una porción de Wikipedia? ¿No? Bueno, sigo.

Johannes Trithemius, en el siglo XV, sostenía que la imprenta -ese invento reciente- iba a dejar sin trabajo a los monjes y que -no era lo mismo- un libro impreso que un códice copiado. En la misma onda, un juez venciano, un siglo después, decía que “la pluma es una virgen, pero la imprenta es un prostituta“. Claro que es bueno recordar, que al momento de la llegada de Gutenberg y su combinación de inventos llamada imprenta, la más grande biblioteca de Europa era la de la Universidad de Cambridge… con 122 ejemplares. Mozo, tráigame una orden de prostitutas, por favor.

En el siglo XVIII, a medida que -por la llegada de la imprenta- los diarios fueron más comunes, se empezó a abandonar la práctica de recibir las noticias semanalmente a través del púlpito de la iglesia (de ahí las famosas “noticias parroquiales”). El noble francés Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes -los amigos le decían Malesherbes, nomás- si bien parece por lo que leo que era muy buena persona, estaba en contra da la “moda de los diarios“, dado que “aisla socialmente a los lectores” al evitar que reciban las noticias todos juntos, dominicalmente y en dulce montón.

Cuando llegó la electricidad, en el siglo XIX, mucha gente también temía que “nos hiciera daño“. Como ejemplo tomen al presidente de los Estados Unidos de ese momento, Benjamin Harrison. Como muchos en su época, sentía que la electricidad era algo peligroso, por lo que le pedía al personal de la Casa Blanca que fueran ellos los que encendieran y apagaran la luz por temor a quedar electrocutado. Y después nos quejábamos de Bush hijo.

En la edición de noviembre de 1889 de la revista Nature apareció una nota llamada “La venganza de la naturaleza contra los genios”. Les regalo unos parrafos: “En este momento, una de nuestras más peligrosas mascotas es la electricidad. Hemos metido el poder eléctrico en las más simples de nuestras industrias domésticas y hemos tejido una telaraña con éste -el más sutil de los agentes, una vez sólo activo en las sublimes manifestaciones del Omnipotente- en todas nuestra actividades y llenado la atmósfera con los filamentos de la muerte“. Y la fiesta sigue: “El teléfono es el más peligroso de todos porque se mete en todos nuestros quehaceres domésticos. Siendo su interminable red de cables una perpetua amenaza a la vida y a la propiedad. En su mejor uso, como mucho es una conveniencia. Nunca fue una necesidad“.

Y en similar tenor, existe una encuesta llevada a cabo en 1926, en San Francisco, por el comité de educación para adultos de los Knights of Columbus en donde se hacían dos preguntas tremendamente reveladoras: ” ¿Hace el teléfono a los hombres más activos o más perezosos? ¿Rompe el teléfono con la normal vida familiar y la vieja costumbre de visitar a los amigos?“.

Saltemos ahora al siguiente medio masivo o revolución tecnológica: la radio. En el año 1936, la revista inglesa Gramophone se lamentaba de lo siguiente: “los niños han desarrollado el habito de dividir su atención entre la edificante preparación de sus deberes y la llamativa diversión del parlante“. Y se pone mejor: “por la noche, los niños se quedan despiertos, desvelados o se despiertan gritando por un sueño aterrador, directo resultado de las pesadillas provocadas por los relatos de misterio“. ¿Les suena la cantinela de los video games violentos?

Y así podemos seguir por un tiempo largo. Tomen la tecnología que quieran: siempre hay alguien que sostiene que “hace mal”.

George Landow, el autor de Hipertexto 3.0, tiene una frase muy buena: “frecuentemente he escuchado a los humanistas usar la palabra tecnología para definir “alguna fuerza intrusiva y extraña, como la computación”, como si lapices, papeles, máquinas de escribir y la imprenta fueran de alguna manera “naturales“. La tecnología digital puede ser nueva, pero la tecnología, particularmente la tecnología de la información, ha permeado toda cultura conocida desde los comienzos de la historia humana. Si esperamos discernir cómo nos moveremos más allá del libro, no debemos tratar a todas las previas tecnologías de la información -como el lenguaje, la retórica, la escritura o la imprenta- como no-tecnológicas“.

Pero ¿por qué hay gente que se resiste a las nuevas tecnologías? No es que -necesariamente- cada generación tenga una cuota de tercos y los tercos contemporáneos son los que dicen que Internet o Twitter o Facebook nos hacen más tontos. Debe existir alguna razón más allá. Tal vez tenía razón Douglas Adams cuando sostenía en El Salmón de la Duda que “todo lo que ya existía cuando viniste a este mundo es normal, comun y simplemente una parte natural de cómo funcionan las cosas. Todo lo inventado entre que tenés quince y treinta y cinco es nuevo, excitante, revolucionario y a lo mejor podés hacer tu carrera de eso. Todo lo inventado despues de que tenes treinta y cinco, está en contra del orden natural de las cosas“. Sin embargo, creo que los tiros vienen por otro lado.

Genevieve Bell, es antropóloga, australiana y la directora del departamento de Investigación de Experiencia e Interacción de Intel Corporation. Esta señora tiene una teoría que es muy interesante. Para que las alarmas del coro griego agorero empiecen a sonar, se necesita que cualquier nueva tecnología afecte a estas TRES características, como una trifecta de Satán:

  • Tiene que cambiar tu relación respecto al tiempo
  • Tiene que cambiar to relación respecto al espacio
  • Tiene que cambiar tu relación con respecto a otras personas.

La electricidad cambió nuestra relación con el tiempo (la noche no era LA noche), el espacio (los lugares podían ser más grandes, sin ventanas) y la gente podía hacer cosas que antes sólo podía hacer de día. Terror garantizado.

El teléfono cambió nuestra relación con el espacio (lo lejos de repente estaba cerca), el tiempo (ir a una gran distancia para hablar con alguien me tomaba tiempo, ahora hablo a la distancia, pero instantáneamente) y con los otros (no te veo, te llamo y hablamos). Pánico en las calles.

Y ahora apliquemos ese razonamiento a la televisión (¡masas horrorizadas!), la radio (¡pavor en el alma!) o Internet (¡Ay, que me vengo tonto y no me doy cuenta!).

Uno de los argumentos que se utilizan para sostener que cada twitt nos arranca unas neuronas y un poco el alma, es el concepto de neuroplasticidad, en donde cada experiencia “modifica” el cerebro como si fuera una plastilina marcandonos de manera indeleble e irreversible.

Tontera.

Steven Pinker, en un editorial excelente en el New York Times, explica que: “la experiencia no modifica la capacidad básica de procesamiento de información del cerebro. Los programas de lectura veloz vienen clamanado desde siempre que lo hacen, pero el mejor veredicto fue el de Woody Allen luego de leer “La Guerra y la Paz” en una sola sentada: “era sobre Rusia”, dijo”.

En resumen, me pone de mal humor ver gente inteligente haciendo la misma pantómima que -apenas buscando un poco- puede verse como un proceso que se repite una y otra vez. El teléfono no nos hará más malvados y arruinará nuestra vida familiar, Internet no nos hace más tontos, Twitter más distraídos o Facebook más superficiales: somos como somos y somos quienes somos con nuevas tecnologías o sin ellas.

Por supuesto que esto no implica que todo debe ser tomado sin pensar o calcular consecuencias. Yo tengo un Kindle, pero mi relación con los libros impresos la explicaron mejor que nadie George y Ira Gershwin en una canción de 1938, Love is here to stay:

The radio and the telephone
And the movies that we know
May just be passing fancies,
And in time may go!
But, oh my dear,
Our love is here to stay.

Posted in Berrinches | 8 Comments

8 Responses to Internet: más estupido te hará a vos.

  1. El Gallego says:

    Qué lindo es leerlo cuando lo motiva la justicia, Fernandez. Estoy 100% de acuerdo. Le ha hecho justicia a las nuevas tecnologías.

    Lo que dejo abierto para un debate más profundo es la sospecha de que la tecnología no nos haga más bobos, sino más infelices (o más tristes). No voy a arrancar con Prometeo, el fruto prohibido y toda la sarasa que históricamente viene insinuando que la ignorancia es una bendición. Solamente dejo en el aire la duda de que tal vez estos fundamentalistas de la nostalgia, en realidad, se equivocaron de miedo.

  2. Nacho Montes de Oca says:

    No te olvides de la rebelión de los Ludistas contra la Revolución Industrial, el amor de los diferentes tipos de fascismos por lo arcaico (algo que nuestra sociedad hace todo el tiempo, como le corresponde por su ascendente fascista), el temor de las principales religiones por el avance científico y la necesidad de muchas ideologías del presente de confrontar con lo nuevo. Abrazo y decime que pasó con esa novela que transcurría en una plataforma petrolera

  3. Lucilla says:

    Son dos gallegos grosos. Me devoré el texto del Sr. Fernandez y adoré el comentario del Sr. Gallego. Se los extraña.

  4. Santiago B. says:

    El post no lo había visto pero te respondo en 4 tweets:

    1) El post es disparatadamente largo!!! Mi espectro de atención post Twitter no pasa las 800 palabras…
    2) Creo que malinterpretaste el punto de la columna si pensaste que coincidimos con Carr. Nada más alejado de la realidad.
    3) Si querés pensar en tecnologías que nos transformaron, no pienses en la radio o la TV. Pensá en el mapa, el reloj o el Asc+32.
    4) No tengo la menor duda que la tecnología produce cambios cognitivos y no todos son buenos. Tontos no, distraídos/dispersos sí.

    Por eso leí tu post como Woody a Tolstoi…

    • ramirofv says:

      Santi:

      ¡Qué bueno que me respondiste! Pensé que no ibas a tomar el guante y me daba mucha decepción.
      Te lo pregunté por Twitter, pero como tenés mucha atención dispersa por estas mucho con las computadoras, te lo pregunto ahora de nuevo: ¿¿¿qué es Asc+32???
      Abrazo,

  5. Eclesiastés rules. Nada nuevo bajo el sol. Todos los popes que ponen sus manitas en bolas de cristal y te dicen “ahora con esta invención estaremos limados” sólo están percutiendo en sus 15 minutos warholianos. Fijate que lo último de Kevin Kelly apunta a algo así, “The improbable is the new normal” (http://www.kk.org/thetechnium/archives/2013/01/the_improbable.php) y lo que te dice a lo Charly es “esto yo (sh)a lo vi, esto (sh)a lo escuché”.

    En fin, está bien que hay más info, pero tenemos los filtros y la inteligencia para relacionar? Algunos sí, otros no. Hay que educar a nuestros niñitos no a saber sino a aprender. Lo escribo y sueno a viejo. Mejor me voy a la pileta.

  6. Javier says:

    Aquí, una interesante respuesta al planteo de Nichlas Carr
    http://editorialorsai.com/revista/post/n3_cervera

  7. […] Internet y la estupidez, según Ramiro. […]

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